domingo, 11 de mayo de 2025

 

DOS RATONCITOS OCUPAN POCO ESPACIO

Todos creen que los elefantes les temen a los ratones pero yo creo que es al revés, que somos nosotros os ratones los que les tenemos miedo a los elefantes . ¿Cómo no tenerle miedo a semejante grandote, que con sólo acercarte la trompa puede mandarte al otro lado del planeta?. Bueno, yo, Ratón Gómez, estoy acá escondido en este huequito que encontré, desde donde puedo espiar la casa de la vecina, donde viven la Niña, su hermano, sus padres, y creo que también una ridícula tía. . Porque resulta que hace unos días me pareció que traían un paquete enorme,  y trataban de meterlo adentro de la casa. Y atrás entraban cajas y cajas de avena.

Sentado sobre una piedra, atusándose los bigotazos, mi amigo el Ratón Pérez preguntó:

_¿Qué pasará? ….Parece que han recibido un flor de regalo….

_¿Será un auto? - Tiré como idea….

_Si fuera un auto no lo hubieran entrado, lo hubieran dejado en la vereda y hubieran salido a pasear_ contestó mi amigo, atusándose de nuevo los bigotazos.

Tanto espiar y espiar, un rato él, un rato yo, una tarde nos pareció ver que algo parecido a una trompita se asomaba por una ventana del frente de la casa.

_¡¡¡No lo puedo creer!!!! _dije. _Me parece que han traído un…un…¡¡¡¡elefante!!!! Y me pareció que la voz me temblaba.

_¿Qué vamos a hacer? Yo no pienso salir más de este agujerito, no quiero ni verlo, ni pensar en que está allá!!!!. Y la voz me seguía temblando.

Mi amigo Ratón Perez, que es mucho más piola que yo, y que está acostumbrado a tratar con todo tipo de gente, por eso de los dientes, dijo:

_Vos tranqui, que ese elefante ni siquiera va a poder acercarte una pata, porque si lo hace…porque si lo hace….

Pero no terminó de decir qué pasaba si lo hacía….

Pasaron varios días, por lo menos tres, y yo seguía decidido a no asomar mi hocico, ni mis bigotes, ni mi cola, ni nada….pero…pero, estaba empezando a tener hambre, mi panza chillaba, pedía comida, rogaba comida…Entonces tenía que encontrar la manera de conseguir algo para comer.

De la casa de enfrente sacaban todos los días a la vereda, para que se las llevara el basurero, cajas y cajas vacías de avena, que seguro era lo que le daban de comer al elefante, para mantenerlo enorme, como tienen que ser los elefantes.  Entre tanta caja, algunos miserables granitos habrían quedado, pensábamos, y para nosotros serían un banquetazo.

Avena, avenita

Calmame la pancita.

Sonaba todo el tiempo en mi cabezota, mientras Ratón Perez seguía atusándose sus bigotazos.

Pero…¿cómo llegar hasta la vereda de enfrente? ¿y si el elefante salía, y de un trompetazo, ya sabés, nos tiraba… etcétera ,etcétera?

Ratón Perez, con su ingenio de ratón comerciante,  propuso salir cuando las estrellas y la luna brillaran en el cielo….Pero yo no me animaba.

Propuso salir cuando las estrellas y la luna no brillaran en el cielo, pero tampoco me animaba….

Ni de noche ni de día

Aunque de hambre me moría

¡Ni de día ni de noche!

Gritaba a troche y moche.

 

De día, no…De tarde, tampoco. Días de semana, muchos chicos. Sábados y domingos, muchos autos .

Y así, esperando el momento oportuno,  pasábamos día tras dia, ¡¡¡¡y la panza ya nos hacía tanto ruido, tanto alboroto, que parecía que adentro del agujerito había una familia ratonuda, con críos y todo!!!

Una tarde, asomados los dos por el huequito mirando las cajas vacías, sin saber muy bien qué hacer, y delirando con platos y platos de avena con leche, avena en sopa, avena en galletitas, vimos salir de la casa a la Niña, con un sombrero con banderitas,  y cruzar la calle hacia donde estábamos nosotros espiando, y al acercarse nos dijo: :

_Necesito dos buenos ayudantes chiquitos de tamaño, año, que puedan ayudarme a encontrar un diente que se le salió a Elefante, ante, y que cayó en una ranura del piso, iso.  Elefante está muy triste porque no podrá ponerlo debajo de su almohada, hada,  y Ratón Pérez no le traerá ni una monedita,  Ita. Y llora, dos lagrimitas, dos lagrimotas, dos lagrimones. ¿Y saben qué? Una tristeza de elefante es mucho más grande que una tristeza de persona….ona.

Ratón Perez me miró. Yo lo miré. En ese momento las dos panzas crujieron más fuerte que nunca, como para recordarnos que estaban vacías.

_¿Podrás darnos algo de comer a cambio de ese trabajito?- preguntamos casi a dúo, y sin habernos puesto de acuerdo.

_ Tengo pan y tengo avena, ena.  Puedo hacerles una rica sopa. Opa.

Tal vez fue la palabra sopa la que nos hizo perder el miedo, y allá partimos, despacito, muy despacito, uno a cada lado de la Niña, cruzando la calle. No recuerdo si era de día o de noche, si había estrellas o brillaba el sol. La Niña, en  su sombra nos guiaba hacia la casa (asa).

 En una ranura del piso de madera,  muy cerca de una pata de Elefante, brillaba un diente blanco como la leche con avena. Pensando en la sopa y el pan, con mucho esfuerzo  y mucho cuidado, y con mucho hambre,  entre los dos, pudimos rescatarlo y dárselo a la Niña, que se lo dio a Elefante, que lo puso bajo la almohada, y se sentó a esperar que  Ratón Pérez terminara de comer la sopa con pan, mientras yo cantaba:

Ya lo dijo mi ratona

Poniendo cara de mona,

Es tarea fascinante

Rescatar diente de elefante.

Y colorín Colorado, este cuento ratonil se ha terminado.

Adriana 09/09/2017.

 

Intertextualidad con el cuento Dailan Kifki de María Elena Walsh.

 

 

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario