DOS RATONCITOS OCUPAN POCO ESPACIO
Todos creen que los elefantes les
temen a los ratones pero yo creo que es al revés, que somos nosotros os ratones
los que les tenemos miedo a los elefantes . ¿Cómo no tenerle miedo a semejante
grandote, que con sólo acercarte la trompa puede mandarte al otro lado del
planeta?. Bueno, yo, Ratón Gómez, estoy acá escondido en este huequito que
encontré, desde donde puedo espiar la casa de la vecina, donde viven la Niña,
su hermano, sus padres, y creo que también una ridícula tía. . Porque resulta
que hace unos días me pareció que traían un paquete enorme, y trataban de meterlo adentro de la casa. Y
atrás entraban cajas y cajas de avena.
Sentado sobre una piedra, atusándose
los bigotazos, mi amigo el Ratón Pérez preguntó:
_¿Qué pasará? ….Parece que han
recibido un flor de regalo….
_¿Será un auto? - Tiré como idea….
_Si fuera un auto no lo hubieran
entrado, lo hubieran dejado en la vereda y hubieran salido a pasear_ contestó
mi amigo, atusándose de nuevo los bigotazos.
Tanto espiar y espiar, un rato él, un
rato yo, una tarde nos pareció ver que algo parecido a una trompita se asomaba
por una ventana del frente de la casa.
_¡¡¡No lo puedo creer!!!! _dije. _Me parece
que han traído un…un…¡¡¡¡elefante!!!! Y me pareció que la voz me temblaba.
_¿Qué vamos a hacer? Yo no pienso
salir más de este agujerito, no quiero ni verlo, ni pensar en que está allá!!!!.
Y la voz me seguía temblando.
Mi amigo Ratón Perez, que es mucho
más piola que yo, y que está acostumbrado a tratar con todo tipo de gente, por
eso de los dientes, dijo:
_Vos tranqui, que ese elefante ni
siquiera va a poder acercarte una pata, porque si lo hace…porque si lo hace….
Pero no terminó de decir qué pasaba
si lo hacía….
Pasaron varios días, por lo menos
tres, y yo seguía decidido a no asomar mi hocico, ni mis bigotes, ni mi cola,
ni nada….pero…pero, estaba empezando a tener hambre, mi panza chillaba, pedía
comida, rogaba comida…Entonces tenía que encontrar la manera de conseguir algo
para comer.
De la casa de enfrente sacaban todos
los días a la vereda, para que se las llevara el basurero, cajas y cajas vacías
de avena, que seguro era lo que le daban de comer al elefante, para mantenerlo
enorme, como tienen que ser los elefantes. Entre tanta caja, algunos miserables granitos
habrían quedado, pensábamos, y para nosotros serían un banquetazo.
Avena, avenita
Calmame la pancita.
Sonaba todo el tiempo en mi cabezota,
mientras Ratón Perez seguía atusándose sus bigotazos.
Pero…¿cómo llegar hasta la vereda de
enfrente? ¿y si el elefante salía, y de un trompetazo, ya sabés, nos tiraba…
etcétera ,etcétera?
Ratón Perez, con su ingenio de ratón
comerciante, propuso salir cuando las
estrellas y la luna brillaran en el cielo….Pero yo no me animaba.
Propuso salir cuando las estrellas y
la luna no brillaran en el cielo, pero tampoco me animaba….
Ni de noche ni de día
Aunque de hambre me moría
¡Ni de día ni de noche!
Gritaba a troche y moche.
De día, no…De tarde, tampoco. Días de
semana, muchos chicos. Sábados y domingos, muchos autos .
Y así, esperando el momento oportuno,
pasábamos día tras dia, ¡¡¡¡y la panza
ya nos hacía tanto ruido, tanto alboroto, que parecía que adentro del agujerito
había una familia ratonuda, con críos y todo!!!
Una tarde, asomados los dos por el
huequito mirando las cajas vacías, sin saber muy bien qué hacer, y delirando
con platos y platos de avena con leche, avena en sopa, avena en galletitas, vimos
salir de la casa a la Niña, con un sombrero con banderitas, y cruzar la calle hacia donde estábamos
nosotros espiando, y al acercarse nos dijo: :
_Necesito dos buenos ayudantes
chiquitos de tamaño, año, que puedan ayudarme a encontrar un diente que se le
salió a Elefante, ante, y que cayó en una ranura del piso, iso. Elefante está muy triste porque no podrá
ponerlo debajo de su almohada, hada, y
Ratón Pérez no le traerá ni una monedita, Ita. Y llora, dos lagrimitas, dos lagrimotas,
dos lagrimones. ¿Y saben qué? Una tristeza de elefante es mucho más grande que
una tristeza de persona….ona.
Ratón Perez me miró. Yo lo miré. En
ese momento las dos panzas crujieron más fuerte que nunca, como para
recordarnos que estaban vacías.
_¿Podrás darnos algo de comer a
cambio de ese trabajito?- preguntamos casi a dúo, y sin habernos puesto de
acuerdo.
_ Tengo pan y tengo avena, ena. Puedo hacerles una rica sopa. Opa.
Tal vez fue la palabra sopa la que
nos hizo perder el miedo, y allá partimos, despacito, muy despacito, uno a cada
lado de la Niña, cruzando la calle. No recuerdo si era de día o de noche, si
había estrellas o brillaba el sol. La Niña, en
su sombra nos guiaba hacia la casa (asa).
En una ranura del piso de madera, muy cerca de una pata de Elefante, brillaba un
diente blanco como la leche con avena. Pensando en la sopa y el pan, con mucho
esfuerzo y mucho cuidado, y con mucho
hambre, entre los dos, pudimos
rescatarlo y dárselo a la Niña, que se lo dio a Elefante, que lo puso bajo la
almohada, y se sentó a esperar que Ratón
Pérez terminara de comer la sopa con pan, mientras yo cantaba:
Ya lo dijo mi ratona
Poniendo cara de mona,
Es tarea fascinante
Rescatar diente de elefante.
Y colorín Colorado, este cuento
ratonil se ha terminado.
Adriana 09/09/2017.
Intertextualidad con el cuento Dailan
Kifki de María Elena Walsh.

No hay comentarios:
Publicar un comentario